Vivir experimentando el poder de Dios es un desafío que requiere perseverancia, tal como enseña Santiago 1:12. A través del relato de Mateo 14:22-33, cuando Jesús camina sobre el agua y llama a Pedro a hacer lo mismo, descubrimos cómo Él nos lleva a una vida sobrenatural: hay tormentas que son inevitables, pero también hay momentos en los que debemos estar dispuestos a colocarnos en el lugar donde el milagro es imprescindible. En nuestro caminar con Jesús, a menudo aprendemos que obedecer es más importante que estar cómodo, y que nuestra conciencia de la presencia de Dios debe aumentar si queremos vivir en esa dimensión de lo sobrenatural.
Llegar al otro lado nos enseña a confiar más en los tiempos de Dios, porque lo sobrenatural siempre está conectado a un propósito divino (Hebreos 10:35-36): ánimo en lugar de temor, revisando el estado de nuestro corazón. Cuando somos incapaces de ver a Jesús en medio de una dificultad, podemos aprender a escuchar su voz, recordando que una palabra es suficiente para comenzar, como vemos en 1 Samuel 14:6. Muchas veces lo sobrenatural de Dios empieza por un "quizás", y lo más profundo de Él se encuentra al seguir lo más simple que nos ha enseñado. Jesús no siempre da los detalles, pero sí la dirección: dar grandes pasos no equivale a tener una gran fe, porque sostener la fe en el proceso es el verdadero milagro que nos mueve a caminar en lo que hemos creído desde el principio.
Llegar al otro lado nos enseña a confiar más en los tiempos de Dios, porque lo sobrenatural siempre está conectado a un propósito divino (Hebreos 10:35-36): ánimo en lugar de temor, revisando el estado de nuestro corazón. Cuando somos incapaces de ver a Jesús en medio de una dificultad, podemos aprender a escuchar su voz, recordando que una palabra es suficiente para comenzar, como vemos en 1 Samuel 14:6. Muchas veces lo sobrenatural de Dios empieza por un "quizás", y lo más profundo de Él se encuentra al seguir lo más simple que nos ha enseñado. Jesús no siempre da los detalles, pero sí la dirección: dar grandes pasos no equivale a tener una gran fe, porque sostener la fe en el proceso es el verdadero milagro que nos mueve a caminar en lo que hemos creído desde el principio.


