Jesús nos invita a venir a Él y descansar (Mateo 11:28), y desde el principio llamó a sus discípulos para algo aún más profundo que una tarea: estar con Él (Marcos 3:13-19). Jesús es nuestro hogar, el lugar al que siempre queremos regresar, tal como nos enseña en Juan 15:1-6 cuando nos llama a permanecer en Él. Caminar con Jesús cada día significa precisamente eso: que Él se convierta en nuestro lugar de permanencia, y que todo lo que hagamos, centrado en Él, tenga un efecto real en la persona que vamos siendo.
Sus palabras son nuestro sustento, y permanecen en nosotros según Juan 15:7-8, recordándonos que el llamado de Jesús a ser sus aprendices no es un llamado a hacer más, sino a hacer menos (Marcos 10:41-42). Se trata de caminar al ritmo del amor, permaneciendo en su amor como Él mismo nos invita en Juan 15:9-12, porque el discípulo de Jesús no se mide por lo que sabe, sino por lo que ama. Un mensaje que nos lleva a descubrir nuevos ritmos de vida junto a Jesús, para que nuestro gozo sea completo, como lo describe Salmos 16:11.
Sus palabras son nuestro sustento, y permanecen en nosotros según Juan 15:7-8, recordándonos que el llamado de Jesús a ser sus aprendices no es un llamado a hacer más, sino a hacer menos (Marcos 10:41-42). Se trata de caminar al ritmo del amor, permaneciendo en su amor como Él mismo nos invita en Juan 15:9-12, porque el discípulo de Jesús no se mide por lo que sabe, sino por lo que ama. Un mensaje que nos lleva a descubrir nuevos ritmos de vida junto a Jesús, para que nuestro gozo sea completo, como lo describe Salmos 16:11.


