Comenzamos la serie "Hasta que Él venga", caminando juntos en la misión que Dios nos ha encomendado. ¿Cuánto amor hay realmente en nuestro corazón por las personas que se pierden cada día? Esa es la pregunta que nos confronta este mensaje, recordándonos que evangelizar no puede ser una opción más, sino una prioridad, tal como nos enseñan Romanos 10:13-15 y 2 Corintios 5:14-21. La pasión por las almas es el combustible que sostiene la misión de la iglesia, y nace del amor de Cristo, quien murió por todos, nos controla con su amor y no nos permite vivir indiferentes ante los demás.
¿Cómo se ve una iglesia con pasión por las almas? Se trata de un corazón que arde y dice "me importa" (2 Corintios 5:14), de manos que restauran y se acercan (2 Corintios 5:18), y de una voz que ruega y habla a otros (2 Corintios 5:20). Como decía Oswald Smith: "Cuando hemos perdido nuestro interés, amor y preocupación por las almas, necesitamos también un avivamiento". Frente a alguien roto, como el hombre de la parábola del buen samaritano (Lucas 10:25-37), la pregunta no es si debemos actuar, sino cómo. Mientras esperamos al Rey, representamos al Rey.

