Solemos imaginar la voluntad de Dios como un punto exacto en un mapa que debemos descubrir, y esa idea suele traernos más ansiedad y decepción que paz. Pero, como nos recuerda Hebreos 1:1, Dios siempre nos ha hablado, y su voluntad tiene menos que ver con qué debo hacer y más con quién estoy llegando a ser. Pasajes como Mateo 6:34 y Santiago 4:13-14 nos invitan a soltar la ansiedad por el mañana y a entender que la mejor manera de prepararnos para el futuro es vivir fielmente para Jesús hoy. La pregunta correcta no es "Dios, ¿qué quieres que haga?", sino "Dios, ¿quién quieres que sea?".
Descubrir su voluntad comienza con un llamado a la santidad: 1 Tesalonicenses 4:3 y Romanos 12:2 nos muestran que nada nos aleja más del propósito de Dios que una mente que no ha sido renovada por Él. También implica vivir para Su gloria, entendiendo con 1 Corintios 10:31 y Efesios 1:11-12 que a veces las cosas pequeñas del día a día son en realidad las más importantes. Y requiere un corazón enseñable, dispuesto a aprender los caminos de Dios como nos exhorta Hebreos 3:7-13. Cuando nos enfocamos en ser la persona que Dios nos ha llamado a ser, nos encontramos con todo lo que Él ya había preparado para nosotros.


