La vida que siempre has estado buscando
Todos anhelamos una vida plena.
Aunque pocas veces nos detenemos a pensar qué significa realmente vivir en abundancia. Con frecuencia asociamos esa palabra con tener más. Más tranquilidad. Más recursos. Más oportunidades. Más éxito. Incluso esperamos que la bendición de Dios se manifieste principalmente en aquello que podemos ver o recibir.
Sin embargo, cuando abrimos las Escrituras descubrimos que Dios tiene una definición muy diferente de la abundancia. En el Salmo 133 encontramos una promesa extraordinaria: «Allí envía Jehová bendición y vida eterna» (Salmo 133:3).
Resulta sorprendente que esa bendición no esté asociada a un lugar geográfico ni a un edificio. Dios decide derramar su favor allí donde encuentra un pueblo que vive en armonía. La bendición no es simplemente un regalo que Dios entrega; es la manifestación de su propia presencia entre su pueblo. Por eso Jesús dijo: «Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia» (Juan 10:10).
Observa que Jesús no prometió una vida sin dificultades. Tampoco prometió una vida donde nunca faltaría nada material. Lo que prometió fue algo mucho mayor: compartir con nosotros su propia vida. Quizá por eso, apenas unos versículos después, se presenta diciendo: «Yo soy el buen pastor» (Juan 10:11).
La abundancia no comienza cuando nuestras circunstancias cambian. Comienza cuando encontramos al Pastor.
Porque una oveja no encuentra seguridad por conocer el camino, sino por caminar cerca de quien la guía. No descansa porque tenga todas las respuestas, sino porque sabe en quién ha puesto su confianza.
Qué fácil es vivir intentando controlar cada detalle de nuestra vida. Pensamos que la paz llegará cuando tengamos todo bajo control. Pero las ovejas nos enseñan exactamente lo contrario. Fueron creadas para depender de su pastor. Su tranquilidad no nace de su capacidad, sino de su cercanía.
Tal vez por eso la autosuficiencia es uno de los mayores obstáculos para experimentar la vida de Dios.
Mientras confiemos únicamente en nuestras fuerzas, seguiremos cargando pesos que nunca fuimos diseñados para llevar.
David lo entendió después de muchos años caminando con Dios. Al escribir el Salmo 23 comenzó diciendo: «Jehová es mi pastor».
Toda la abundancia del salmo nace de esa primera afirmación. Porque si Él es mi Pastor, entonces puedo descansar. Si Él es mi Pastor, encontraré dirección cuando no sepa qué hacer. Si Él es mi Pastor, habrá consuelo cuando mi alma esté cansada. Si Él es mi Pastor, no caminaré solo ni siquiera en el valle más oscuro.
La verdadera vida abundante nunca consistió en acumular más cosas.
Consiste en caminar cada día con Aquel que conoce nuestro nombre, nos guía con amor y prometió no abandonarnos jamás.
Quizá hoy el Buen Pastor no quiera darte primero una respuesta. Tal vez quiera darte algo mucho mejor: Su presencia.
Y cuando descubres que Él está contigo, comprendes que la vida abundante nunca fue un lugar al que llegar. Siempre fue una Persona con quien caminar.
Para meditar: «Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen.» Juan 10:14
Preguntas para reflexionar:
-
¿En qué áreas de mi vida estoy confiando más en mis propias fuerzas que en el cuidado del Buen Pastor?
-
¿Estoy buscando la bendición de Dios o estoy aprendiendo a disfrutar de su presencia?
-
¿Qué voces están guiando mis decisiones en este tiempo? ¿Reconozco la voz del Pastor?
-
¿Cómo puedo caminar más cerca de Jesús esta semana?
Puedes dejar debajo tu comentario. En el botón de comentar 👇👇


