En este episodio especial desde IRR Brasil, el Pr. Gustavo Paiva nos invita a ir más allá de escuchar sobre el Reino de Dios… para vivirlo y materializarlo en cada área de nuestra vida. Inspirado en el Salmo 23 y en la enseñanza de Jesús sobre la oración (Mateo 6:9-13), este mensaje nos recuerda que el Reino no es solo un concepto espiritual, sino una realidad que debe manifestarse en cómo vivimos, trabajamos y nos relacionamos.
El avivamiento no es solo una experiencia, es un alineamiento con la voluntad de Dios. Como un río al que somos llamados a entrar, no basta con estar cerca: debemos sumergirnos completamente. Porque todo lo visible nace de lo invisible (Hebreos 11:1-3), y nuestra vida está llamada a ser un altar continuo de adoración.
A través del proceso, el sacrificio y la perseverancia, Dios forma nuestro carácter y nos guía por sendas de justicia. Incluso en el silencio, Él está obrando, preparando algo mayor en nosotros. Como en la visión de los huesos secos (Ezequiel 37:1-14), Dios puede levantar vida donde parecía no haber nada, formando un ejército cuando permanecemos firmes.
Este mensaje es un llamado a dejar de espiritualizar el Reino y comenzar a encarnarlo con una vida rendida, humilde y obediente. Porque cuando vivimos como corderos, alineados con Su voluntad, el Reino de Dios se hace visible en la tierra.
El avivamiento no es solo una experiencia, es un alineamiento con la voluntad de Dios. Como un río al que somos llamados a entrar, no basta con estar cerca: debemos sumergirnos completamente. Porque todo lo visible nace de lo invisible (Hebreos 11:1-3), y nuestra vida está llamada a ser un altar continuo de adoración.
A través del proceso, el sacrificio y la perseverancia, Dios forma nuestro carácter y nos guía por sendas de justicia. Incluso en el silencio, Él está obrando, preparando algo mayor en nosotros. Como en la visión de los huesos secos (Ezequiel 37:1-14), Dios puede levantar vida donde parecía no haber nada, formando un ejército cuando permanecemos firmes.
Este mensaje es un llamado a dejar de espiritualizar el Reino y comenzar a encarnarlo con una vida rendida, humilde y obediente. Porque cuando vivimos como corderos, alineados con Su voluntad, el Reino de Dios se hace visible en la tierra.