Jesús prometió no dejarnos solos, sino enviarnos a "otro Consolador" (Juan 14:16), una palabra que originalmente significa alguien del mismo carácter y de la misma naturaleza que Él. Esa promesa se cumple en la persona del Espíritu Santo, cuya comunión nos acompaña como nos recuerda 2 Corintios 13:14. Juan 16:7 nos muestra que fue conveniente que Jesús se fuera para que el Espíritu viniera a nosotros, porque sin relación con Él no hay verdadera dirección para nuestra vida, tal como vivieron los discípulos en Hechos 1:4-5.
Gálatas 5:25 nos llama a "andar" en el Espíritu, una palabra que habla de caminar alineados, seguir el paso y marchar de forma ordenada junto a Él. Por eso, nuestra mayor necesidad no es hacer más por Dios, sino estar más con Él: poniendo nuestra atención en Él (Romanos 8:5), confiando en su dirección (Romanos 8:14) y cumpliendo su propósito para nuestra vida (Mateo 28:19-20). Una iglesia que depende del Espíritu Santo es una iglesia destinada a ser testigo de la gloria de Dios, como nos recuerda Hechos 1:8.
Gálatas 5:25 nos llama a "andar" en el Espíritu, una palabra que habla de caminar alineados, seguir el paso y marchar de forma ordenada junto a Él. Por eso, nuestra mayor necesidad no es hacer más por Dios, sino estar más con Él: poniendo nuestra atención en Él (Romanos 8:5), confiando en su dirección (Romanos 8:14) y cumpliendo su propósito para nuestra vida (Mateo 28:19-20). Una iglesia que depende del Espíritu Santo es una iglesia destinada a ser testigo de la gloria de Dios, como nos recuerda Hechos 1:8.